Friday, October 14, 2005

Otro cuentecito

Día 14 de Octubre de 2005

El siguiente cuento surgió en las circunvoluciones más inhóspitas de mi perverso cerebro (al fondo a la izquierda) y lo aprecio mucho porque gracias a él me gané un concurso hace años y con la platica pude darme la gran vida durante casi ocho meses.

Como ocurre en estos casos el Dr publica sus historias porque si.



EL ULTIMO CUMPLEAÑOS DE CLAUDIA RIMALDI


Tengo la vaga sensación de estar omitiendo algo importante al narrar todo esto; pero, entenderán que cualquier recuerdo de tales momentos no puede salir a la conciencia de otro modo que no sea atropelladamente.

Varias veces había asistido a tales fiestas y había sido espectacular de tales vejaciones y abusos. Incluso acepto haberme sentido excitado frente a su contemplación pero les garantizo que mi participación siempre fue mínima...al menos hasta que ellas llegaron.

Durante 15 años las fiestas de la señorita Rimaldi habían sido objeto de deseo por mi parte, no tanto por la exuberante presencia de la anfitriona, una porteña de menudas formas y largo y sedoso cabello oscuro; sino por el conjunto de libertinas que asistían y desfogaban todos sus sucios y bajos deseos con los asistentes.

Se que estábamos al margen de la ley; no niego eso, pero me asquea el solo hecho de pensar que ni siquiera un puñado de degenerados y enfermos mentales como nosotros no puede ser objeto de piedad por parte de la justicia.

Las cosas comenzaban relativamente tranquilas a eso de las 10, luego empezaban a aparecer con insolencia y desparpajo los meseros vestidos con pantalones de cuero que arrastraban ante los invitados las provocativas cadenas. Las mujeres enmascaradas aparecían al rededor de las 11, a través de las máscaras que traían podíamos ver sus ojos abiertos e inquietos, eran llevadas con las manos atadas por toda la sala y desde el momento en que forcejeaban y gemían a la gran mayoría nos entraba la duda de si todo era espectáculo o en verdad aquellas damas estaban allí contra su voluntad.

En lo particular, optaba por lo primero; verán ustedes, yo soy algo así como un experto en esto que algunos llaman "bondage" y me he topado con infinidad de ejemplos como para saber si estaba presenciando algo verdadero o algo actuado...nunca he secuestrado a nadie eh?, que eso quede claro, es solo que...me gusta, desde hace mucho y no puedo evitar...¿que? ¡ah sí!, perdón, me ocurre a veces, pierdo el hilo pero, en fin.

El taconeo por el salón era frenético, alrededor de veinte o veinticinco mujeres pasaban sujetas con cadenas o cuerdas mientras los meseros tironeaban, después iban a desaparecer tras unas cortinas rojas que nunca pude explorar. A estas alturas de la fiesta la mayoría de los invitados ya estábamos desnudos, como solíamos hacerlo en cada fiesta de cumpleaños de la Rimaldi.

Mientras pasaban los enanos en plena zoofilia con perros de diversas razas, todos recordábamos lo que siempre seguía a ese acto. Pero en lugar de asistir a la automutilación anual de la señorita Andrews nos deleitamos con una sorpresa mucho más impactante; en el salón contiguo comenzó a restallar un látigo y acompasado a esto se escuchaba un grito. Fueron dos o tres las ocasiones que lo oímos hasta que cesó y de repente una dama ataviada como walkiria irrumpió en el salón trayendo del cabello a una muchacha bastante menos imponente pero atractiva; solo después de una atenta contemplación reconocimos en esa maltratada figurilla a nuestra anfitriona.

La walkiria se encargó de llevarla hasta el centro del salón y luego miró hacia arriba; casi como por arte de magia se descolgó una cinta de cuero con un gancho, la brutal mujer enroscó el cabello de la Rimaldi mientras esta sollozaba y convulsionaba tratando de quitarse el trapo que le apretaba la boca y de desatarse el nudo de marinero que tenía en la espalda.

Mientras el gancho se enredaba en su otrora codiciada cabellera nosotros podíamos ver que la cinta de cuero hacía parte del más complicado...y endemoniadamente genial... arnés que hubiésemos visto en la vida. Reposaba a unos diez metros de altura y entre sus complicadas trabazones tres enanos se afanaban como hábiles tramoyistas prestos a recibir la preciosa carga.

Reconozco que nunca me había quedado tan lívido como cuando la vi ascender, mientras pataleaba sus zapatos de desproporcionados tacones brillaban y lanzaban destellos...yo no pude evitar masturbarme, no me dio pena, fue rápido y lo hice en tanto ascendía a su infierno a diez metros de altura.

Cuando los enanos la esposaron y la amordazaron con un banda de cuero y comenzaron a bajar como marines por tres cuerdas supe que algo andaba mal, que por muy enferma que pudiera estar su conciencia Claudia Rimaldi no iba a convertirse en objeto de semejante escarnio, ella había nacido para someter a otros, para deleitarse con el dolor de otros...solo cuando intentaba conquistarnos o seducirnos se rebajaba y permitía que la amarráramos, incluso que la sodomizáramos...pero cada uno sabía guardar su secreto, ninguno de nosotros habría sido capaz de hacerle eso, de maltratarla de ese modo...perdónenme pero es difícil seguir recordando saben?, pero si no hay más remedio déjenme decirles que lo que siguió fue más angustiante aún.

Gimiendo y pataleando, parecía que la Rimaldi planeaba escapar de aquella trampa, tiempo le costó darse cuenta que ni ella ni ninguno de sus invitados podíamos hacer nada. Recuerdo a Camille Ravenfort, una hermosa pelirroja entrada en carnes que se desesperó e intentó subir por una de las cuerdas dejadas por los enanos. No logró llegar a los dos metros cuando las fuerzas la abandonaron, se soltó y cayó en brazos de dos meseros...recuerdo que la violaron con tanta saña que incluso sentí que debía ayudar...a los meseros...pero es común en mí, no lo hice y contemplé todo hasta el momento en que escurrida y jadeante la arrastraron tras las cortinas...después de eso nunca volví a ver a los meseros...a Camille la vi después.






Ante lo inevitable, continuemos con la fiesta y llegó la hora de traer el pastel, como tantos otros años, pero esta vez nadie se atrevió a sugerirle a la Rimaldi que apagara sus velas , habría sido un chiste demasiado humillante. Pero si entonamos un canto que tenía como fondo los gemidos de Claudia; en ese momento fue cuando la compadecí, cuando me dolió verla en ese estado, cuando me vi tentado a subir.

¿Alguna vez han intentado subir desnudos por una cuerda?, no me mire así señorita Sánchez, yo sé que usted ha llevado una vida de castidad y que es para todos los presentes incluyéndome, una dama intachable, nosotros sabemos eso, pero usted está segura de saberlo?; quiero decir, ¿podría creérselo?. Bueno, les pregunto otra vez, ¿lo han hecho o no?, pues si no lo han hecho nunca se les ocurra, no solo es humillante, lacerante y ridículo, sino que deja marcas, vean.

Como decía, fue un ascenso espantoso, pero lo conseguí con relativa rapidez. Cuando llegué hasta ella vi como le brillaban los ojos y trataba desesperadamente de decir algo; pero justo cuando aflojaba su mordaza dejó escapar un alarido tan ensordecedor e incoherente que la amordacé de nuevo antes de que siguiera con esa gritería sin sentido.

Una voz ronca susurró mi nombre, tenía su origen en el techo, sobre los aparatajes. Era una mujer de ojos grandes que me contemplaba, tenía en una mano el extremo de una cadena y en la otra un rollo de cinta adhesiva. Por un período largo no hizo más que muecas y ruidos, luego se decidió a tirar de la cadena y entonces los pies atados de la Rimaldi ascendieron unos centímetros por sobre su trasero dejándome ver la suela de sus zapatos; allí habían sido escritas unas palabras con algún tipo de tinte rojo...la idea de que fuera sangre me perturbaba.

El texto rezaba: " paraíso o báratro". Me quedé aferrado a la tramoyas analizando el significado del mensaje. Levanté la mirada y la mujer se había autoamordazado con la cinta adhesiva y con una sonrisa que adiviné en la transparencia de la misma soltó el rollo que cayó entre mis piernas. Dejé a la Rimaldi entre desesperados sollozos y me apropié del rollo mientras que la mujercita descendía al gran salón.

Los forcejeos de la Rimaldi duraron varios minutos después de mi descenso, la jovencita de ojos grandes me sujetó del miembro justo al tocar yo el piso, me quería y yo la deseaba; entonces la seguí y abandonamos el salón rumbo a las habitaciones en el piso de arriba, nos perdimos la entrada de los pederastas y sus niñitos amaestrados; lo lamenté, pero en ese momento mi atención estaba puesta en el gracioso culito de la damisela que sonreía a través de la mordaza.

Pasé unos veinte minutos elaborando los nudos y ajustando las tres cuerdas con las que la amarré a la silla; fue un reto, nunca había trabajado tan pulidamente, pero el que la silla hubiera estado clavado al piso y su colaboración espontánea me permitieron organizar mejor la situación. Poco a poco el recuerdo de la Rimaldi colgada allá en el salón empezó a difuminarse, ahora la atención estaba puesta en amarrar muy bien los pies y en apretar lo mejor posible el endemoniado nudo que cerraba las dos vueltas de cuerda como un circuito eléctrico.

Cuando terminé quedé satisfecho de mi obra y la oí gemir indicándome que me acercara, era la criatura más deliciosa que había contemplado amarrada en toda mi vida...y créanme que había visto muchas..ustedes entienden, al menos usted señor Bernard lo entiende, y no se haga el santo.

En fin, me acomodé sobre ella y la penetré con fuerza, luego me amordacé con la cinta, la rodeé con mis brazos y al respaldo de la silla mis muñecas encontraron el reposo en dos nudos corredizos que había dejado previamente dilatados y que con solo tirar un poco se cerraban. Permanecimos en esa silla y luego de dos largos polvos vi su expresión de querer descansar. Obviamente en mi agotamiento no le vi objeción y con relativa rapidez me deshice de los nudos, la desaté, pero cuando quise arrancarle la cinta de la boca me retuvo, igual cuando quise quitármela yo. Me hizo un guiño con ese enorme ojo color miel y me guió hasta el baño tomándome del miembro como ya era su costumbre.

Abajo las risotadas femeninas eran estruendosas y no pude contener las ganas de asomarme. La dejé orinando y salí a la estancia...cuando miré hacia el salón sentí un escalofrío que jugueteó por toda mi espina dorsal de tal manera que controlar los esfínteres fue una hazaña. El espectáculo que se presentaba ante mis ojos era realmente asqueroso, varios de los invitados...los que no habían sido decapitados... eran llevados con máscaras de cuero en las cabezas y amarrados con alambre de púas y cadenas hacia el patio por una corte de mujeres descarnadas y espantosas. Predominaban los colores fucsias de la piel y los ojos secos en ese siniestro desfile de modas donde las mujeres se pavoneaban con sus trajes raídos, con sus cabelleras arrancadas a pedazos, los pechos escurridos y los rostros de uvas pasas.

Me dio pánico, sentí que conocía a esas carceleras, incluso creí reconocer entre ellas a Camille. En algún momento de las fiestas anteriores las había visto desfilar como era costumbre atadas y amordazadas hacia las cortinas; ahora las veía volver libres y dispuestas a apoderarse de todos nosotros y llevarnos a su infierno.

Entré en la habitación y me quité la cinta de la boca, corrí hasta donde estaba la jovencita de ojos grandes y al quitarle la mordaza le arranqué de paso el labio superior y parte del inferior, dejando
al descubierto sus encías azules y agusanadas. Me aparté asqueado del espectáculo y solo atiné a saltar por la ventana justo después de ver las cadenas que ella tenía entre sus manos...luego vino el hospital, las luces, las enfermeras...

Y eso es todo lo que recuerdo, ya sé que ustedes llegaron al otro día y encontraron solo las ropas y las cuerdas y que el arnés del techo estaba vacío...pero les puedo jurar que en ese sitio se perpetró el genocidio y posterior desaparición más grande de la historia de esta ciudad y si ustedes no lo quieren creer tan solo por el hecho de que me excita usar esta camisa de fuerza, es que están realmente locos!

FIN

4 comments:

Askinstoo said...

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Bailarina said...

El cuento es muy bueno, aunque podría con eso alejar a una que otra chica que lo pueda estar asechando si es tan coqueto como dice...uno nunca sabe qué puede tener una persona en la cabeza para escribir eso...Es una experiencia personal?.

la_realidad.com said...

Buen escrito, felicitaciones,, ya se ve porque ganaste en la modalidad... asi que tienes talento para el cuento de horror,, jajaja,, bueno segui escribiendo entonces..