Monday, October 03, 2005

Nimiedades

Día 02 de Octubre de 2005

Como parece ser costumbre, la revista El Malpensante volvió a rechazar la publicación de otro texto mío, esto en cierta medida me impulsa a seguir martirizándolos con mis cosas; sin embargo, esta vez quise disertar acerca de un asuntillo bastante enojoso que ya me tenía aburrido cada vez que olisqueaba las páginas de esta revista seudointelectual.

La presente carta la escribí para la editorial de la revista y en ella quería manifestar mi repelencia hacia el asunto de nuestro escritorzuelo rematadamente criollo y burdo Efraim medina Reyes. En ella quería dejar claro que ya tenemos bastante con tener que soportar a este tipejo como para tomarnos la molestia de entrar en querellas defendiendo o criticando un estilo sobre el que ni siquiera vale la pena asomar el ojo...algún día la verdad saldrá a la luz y alguien dirá a regañadientes que este doctor tenía toda la razón, por lo pronto publico aquí mi opinión definitiva:



SOBRE UNA NIMIEDAD

En un principio este texto estaba siendo concebido como una especie de respuesta a la carta tan airada de Joe Broderick, quien a su vez daba su respuesta (u opinión) frente al polémico texto de la edición # 59 de El Malpensante el cual se lanzaba lanza en ristre contra el tristemente célebre escritor cartagenero Efraim Medina Reyes. El lector desprevenido se preguntará a cuenta de qué seguir insistiendo en enredar más esta madeja de opiniones; pues bien, leyendo la crítica mordaz y luego contraponiéndola con la carta del señor Broderick creo haber encontrado la salida a este debate antes de que se torne más bizantino de lo que ya es.

En primera instancia hay que reconocer que a estas alturas del partido resulta bastante inoficioso sostener que Medina Reyes es un mentiroso pues ya es bastante claro para muchos que esta es una verdad indiscutible. Lo realmente importante es develar si resulta ser un crimen literario el exagerar un poco la publicidad para darse a conocer o si quien se ensalza resulta ser un verdadero escritor al cual sería lícito tolerarle una que otra mentirilla.

Joe Broderick expone un abierto rechazo frente a las críticas sin profundidad y es por ello que me he propuesto elaborar a continuación una serie de argumentos que permitan llegar al fondo de la obra de Efraim Medina Reyes para establecer más allá de la mentira y la verdad, la valía o mendacidad de su obra literaria.

En primer lugar debo reconocer que llegué a los textos de Reyes por mero accidente cuando un amigo me prestó su libro “Erase una vez el amor pero tuve que matarlo”. Cuando lo tuve entre mis manos pensé encontrarme con una obra diferente y audaz y a estas alturas me ruboriza la ingenuidad de mis ilusiones.

De entrada el libro cuenta con una maquina narrativa que atrae y que hace pensar en un escritor con método que sabe como construir sus historias. El problema radica en que al ir avanzando en la lectura uno se encuentra con que el estilo irreverente del escritor cartagenero es solo uno más de los muchos estilos que marcan la narrativa contemporánea, y me refiero a contemporánea contando desde la época de Andrés Caicedo hasta nuestros días; es decir, que en cuanto a estilos no encontramos nada nuevo bajo el sol.

Para quienes conocen la obra de Medina Reyes debe ser conocida la reverencia que el autor predica hacia Charles Bukowsky, y que en gran medida Efraim se siente así mismo como un escritor maldito. Hasta aquí todo está muy bonito, muy conmovedor y trágico si se quiere...pero lo que se revela más allá de la devoción es un cínico y descarado plagio. Si, este estilo tan irreverente y confrontador se me hacía conocido, incluso los personajes y la narración utilizadas se me hicieron de repente tan familiares que no tuve más remedio que retomar mis lecturas de Bukowsky para encontrar con hondo pesar que nuestro brillante y joven talento literario no ha hecho más que lanzarse a un “copiar y pegar” del estilo de la obra del célebre escrito norteamericano.

Medina Reyes no es pues tanto un mentiroso como un cínico imitador que usufructúa la imagen decadente de un escritor postmoderno como Bukowsky para aparentar un supuesto estilo innovador y polémico. Su obra aparece saturada de referencias casi calcadas de los libros del desenfadado escritor de marras y sus personajes son copias “a la colombiana” que adolecen en el fondo del sentido caótico propio de quien había llevado una vida de necesidades que rayaba en la mendicidad, al margen de una sociedad constituida por un estilo de vida consumista y acomodaticio.

Y es que el principal pecado de nuestro escritor criollo consiste en su carencia de necesidades. Siendo una persona a la que nunca le ha faltado nada y que lleva una vida holgada de placeres claramente solventados por su estatus social, le queda grande el hecho de ponerse en el lugar de escritor marginal y de “genio incomprendido”. Sus devenires autobiográficos resultan pues chocantes si tenemos en cuenta que el dinero no ha sido un limitante para él y que en la sociedad acomodada encuentra los brazos abiertos para hacer lo que le plazca.

Quizás en otras circunstancias, en las que se refleje una carencia real de comodidades, una constante lucha por la supervivencia, podríamos aplaudir el estilo huraño y crítico del autor. De allí que Bukowsky nos resulte un personaje atractivo y demoledor, mientras que Medina nos mueva al tedio y al repudio. En “Erase una vez...” encontramos de entrada una fijación narcisista y egocéntrica insostenible e incomprensible acerca de un personaje que se desliza por la vida dándose demasiada importancia sin proponer con claridad sus propias concepciones filosóficas de un mundo que aparentemente le resulta apabullante.

Pero tampoco podemos negar que Medina Reyes no tenga su propio talento, y esto es evidente cuando aborda una breve ficción acerca de la muerte de Kurt Cobain en el libro ya citado; es quizás allí donde se devela mejor el estilo del autor, pero lamentablemente este destello queda fulminado por un cúmulo de lugares comunes “Bukowskyanos” de los cuales es difícil salir sin lanzar al menos un suspiro o un sollozo por el escritor que pudo ser pero que no fue.

Antes de terminar estas breves reflexiones debo reconocer que Broderick intentó salirle al paso a una discusión poco enriquecedora pero sentí en su carta un intento de defender a un colega más por compromiso y solidaridad gremial que por encontrar una verdadera respuesta al conflicto que se ha venido gestando en torno a la figura de Medina Reyes. Y es que a la sazón la pregunta que surge es por qué resulta tan polémico el caso de Efraim. Quizás se deba al éxito que ha alcanzado y la envidia que eso genera en otros talentos por germinar o tal vez sea porque muchos como yo sentimos que la figura grandilocuente de este autor se sostiene en los hombros de un gigante como Bukowsky...me inclino a pensar que se debe a lo segundo.

Así pues, siento que juzgar a un escritor por lo que dice sobre su propia obra resulta inútil, vale más entrar de lleno y analizar su obra misma para encontrar la coherencia de su propio ser con lo que se propone plasmar y establecer qué tan valioso resulta para la posteridad. De ahí que este texto se titule “sobre una nimiedad” y no “acerca de una nimiedad”, pues luego de abordar este breve análisis me queda claro que es menester pasar por encima de lo nimio y continuar el camino en busca de los verdaderos escritores que dejen de verdad una huella palpable, sean o no marginales.

Por mi parte he decidido abandonar la empresa fatigosa de seguir leyendo a Medina Reyes quien continuará seguramente su camino de superestrella de las letras por un tiempo, un ejemplo más de la sociedad de consumo, un efluvio creativo que pasará de moda en cualquier momento sin dejar huella postrera.

( Psicólogo Universidad del Valle)

4 comments:

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Mónica Bernal said...

Comparto la opinión que tienes del pelafustán del Medina. Recientemente vi un artículo suyo titulado Por qué las mujeres son inferiores, o algo así. Ya te imaginarás lo indignante. Y mal escrito, peor.

Anonymous said...

Si tanto te parece que escribe mal Medina y que no es nada original, mostra algo tuyo que valga la pena entonces. Si te parece patetico, pues no lo leas. Ignoralo. Pero le das demasiada importancia, por lo que mas bien parece que te encantara el tipo.