Friday, May 09, 2008

Tres íconos

Mayo 09 de 2008

Mientras se concreta mi trasteo al norte y mi definitiva retaliación contra los majaderos que soporté en el café estos últimos dos años, es menester volver a tratar aquellos asuntos que a nadie le importan, solo al que escribe.

Muchas veces el suscrito escoge temas para escribir porque son actuales, porque le interesan a los lectores o porque honradamente se le da la gana. Y el que sigue a continuación bien podría entrar en las tres categorías.

Tenía pendiente hacer un homenaje a tres grandes íconos del cine que de algún modo han alimentado mi imaginario durante años y acerca de los cuales ya era hora de hablar largo y tendido. Lo extenuante del siguiente ejercicio me obliga a dividirlo en varias tandas, así que sin más preámbulos presento el análisis (muy personal) de tres pilares cinematográficos:

- James Bond

- Cantinflas

- Indiana Jones

Pero el lector despistado se preguntará el por qué de tal mezcolanza, y la respuesta es...incierta. Ni yo se la razón de juntarlos pero en fin, ya metida la mano, metido el brazo:

LA REVISIÓN A JAMES BOND (primera parte)

Antes que nada resulta necesario definir la trascendencia del espía inglés en el imaginario cultural masculino. Bond es algo así como la encarnación de los deseos de todo hombre, es el aventurero a la vez que el caballero, el tramposo a la vez que el justo, el asesino a la vez que el sofisticado, el astuto a la vez que el arriesgado. En resumen, James Bond viene a materializar lo que ningún hombre llegará a ser, en ello radica la magia de este imperecedero héroe.

Más allá del atractivo de acción que los filmes ofrecen, encontramos una serie de elementos constantes que hacen posible la sustentación del sueño inalcanzable:

- Bellísimas mujeres a su disposición

- Autos con tecnología inimaginable

- Lugares de lujo y confort por todo el mundo

- Dinero ilimitado

- Casinos donde SIEMPRE gana

- Trucos secretos para vencer cualquier peligro

- Y lo más importante, estar vacunado contra ese virus nocivo llamado amor

Esto último hay que analizarlo con cuidado pues si uno desmenuza la saga Bond se dará cuenta de que las veces en que han tratado de mostrar un Bond romántico, el resultado ha sido nefasto. Es más, tres actores en tres películas se han quemado por tal desacierto: George Lazenby (Al servicio secreto de su majestad), Timothy Dalton (Su nombre es peligro) y aunque me cuelguen las fans Daniel Craig (Casino Royale).

Por qué han fracasado estos Bonds?, bueno, en su momento profundizaré en cada uno de ellos, por ahora solo diré que el toque romanticón, meloso y cursi de los enamoramientos no encajará jamás en una historia donde el protagonista es un número. Ser el 007 no es sinónimo de ternura ni de besitos a la luz de la luna, es el código de un asesino con una misión que hay que cumplir por encima cualquier sentimentalismo.

Cuando Ian Fleming concibió a Bond tenía en mente a un ser carente de emociones, ególatra y despiadado, de ahí que no sorprende leer en alguno de sus libros como Bond antepone servirse una opípara comida, al rescate de una chica en peligro de muerte. James fue entrenado para matar, para seducir por conveniencia y usar el sexo como arma para alcanzar sus objetivos, si las chicas a su lado no aguantaban el tren de la situación, pues que pena por ellas.

Ahora, siguiendo este hilo conductor, es obligación presentar al Bond más cercano a la idea original, el que dejó la más honda huella, no solo por haber sido el primero sino porque honestamente dejó marcadas todas las pautas a seguir:

SEAN CONNERY

Curioso que de entrada sea un actor escocés quien haya asimilado mejor los caracteres de un espía inglés, pero así es la vida. Connery dejó muy claro con su estilo que Bond era un tipo sin escrúpulos, un hábil y descarado manipulador que sabía siempre donde estaba parado. Como dato adicional, es el único Bond fumador, luego de Connery a los productores les entró el miedo de promulgar el tabaquismo en los jóvenes asistentes y tacharon su hábito tan marcado en los libros.

Como queda dicho pues, la saga de Connery nos presenta las películas mejor adaptadas a los libros originales, sobre todo las primeras: “Doctor No”, “Desde Rusia con amor”, “Goldfinger”, “Thunderball” y “Sólo se vive dos veces”. Luego vendría aquella lamentable adaptación de “Los diamantes son eternos” y la película alterna a la serie “Nunca digas nuca jamás” que no es más que una readaptación de “Thunderball”.

Sería difícil elegir entre las primeras películas de Bond cual fue la mejor, queda entonces pues resaltar lo importantes que fueron cada una de ellas para fortalecer el mito de este héroe despiadado:

En “Doctor No” tenemos al hábil triunfador de casino que se queda no solo con la plata sino con la dueña de la misma, es el Bond que viaja a lugares paradisíacos, que se las pilla todas y le madruga a cuanto asesino o asesina se le aparecen. De igual manera es el Bond que no perdona vieja buena y que se despacha al maloso de turno con la frialdad que acredita su número.

En “Desde Rusia con amor” nos queda claro que a James el amor le importa un pito, es el Bond interesado que le sigue la cuerda a la vieja hasta que obtiene lo que quiere. Aquí aparece por primera vez el infaltable “Q” con sus trucos, se define al villanazo Blofeld, líder de ESPECTRO, la organización criminal que le dará a Bond dolores de cabeza durante buena parte de su saga y se respira el ambiente original en el que el personaje fue concebido: la guerra fría.

“Goldfinger” muestra al Bond sofisticado que cachetea al villano en naipes y golf, es el Bond con el carrazo que hace de todo y por vez primera aparece la “femme fatale” una tipa de armas tomar que se le iguala. Amén del villano megalómano infaltable en toda película del 007 que se respete, con su monstruoso guardaespaldas de turno que resiste el uso y el abuso.

Con “Thunderball” tenemos un Bond de mayor acción, metido de lleno en una crisis mundial y cargado ahora hasta las pelotas de cuanto recurso técnico y futurista se pudiera incorporar. No faltan las damas y se define la tonta de turno que no hace sino meterse en líos.

“Solo se vive dos veces” es algo así como el cara a cara definitivo con Blofeld y su organización, es casi de locura hasta donde debe llegar Bond y lo que aprende para dar la talla del villano, es como el Bond definitivo, el espía perfecto. Aquí la película se desprende un poco más del libro y tenemos un final feliz, en la versión original Bond se pierde como un año en el Japón con amnesia y confusión de identidad.

Da pena pero toca hablar de “Los diamantes son eternos”, quizás uno de los más grandes desaciertos, Connery no pudo salvar la situación ante tal estupidez. Aquí todo estaba desfasado, se venía tropezando desde el fracaso de “Al servicio secreto de su majestad” con el fatídico reemplazo de George Lazenby y al pedirle casi de rodillas a Connery para que volviera a ponerse el smoking nadie reparó en lo absurdo y tonto del guión que solo le debe al libro el título.

Por último está “Nunca digas nunca jamás”, la extraña idea de traer a Connery diez años después y ponerlo en una readaptación más moderna de “Thunderball”, que por cuestión de derechos se hizo independiente y por ende lo único que no incluye es la música original. Contra todo pronóstico la película pegó y caló, fue la despedida y emparejamiento con Roger Moore (ambos hicieron 7 películas de Bond).

Y bien, dejo hasta aquí esta primera parte donde ya James Bond alcanza su perfil completo, el personaje como tal está maduro y lo que sigue es la continuidad, que aunque parezca más fácil ha resultado bastante difícil y hasta vergonzante en algunos casos.

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